Comentario

 CRISTIANO CATOLICO Y ORTODOXO

 

¡Cristo ha resucitado!

A lo largo del Santo periodo pascual nos saludamos y, también, nos despedimos, con esta frase gloriosa "¡Cristo ha resucitado!," respondiendo nuestro interlocutor: "¡En verdad que ha resucitado!

Usamos este saludo durante los cuarenta días hasta la vigilia de la Ascensión. Sin embargo, incluso una semana más tarde, volvemos a nuestro convencional "buenos días", "buenas tardes", etc. Quizá, puede ser que nos de vergüenza repetir, por cuarenta días, el saludo especial, glorioso y propio de los cristianos en medio del mundo de la calle. Pero hoy "es el Día" radiante con júbilo y no podemos menos de repetirnos uno al otro: "¡Cristo ha resucitado!", mientras intercambiamos regalos de empanadas, huevos a colorados, embutidos, quesos y dulces. todo porque es propio que la tierra se sienta jubilosa y de que el mundo entero celebre fiesta ya que Cristo ha resucitado.

A pesar de todo este gozo oímos una llamada persuasiva: "purifiquemos nuestros sentidos" (verso 1º, oda1ª del canon de los maitines.) Y en esto me gustaría detener nuestra meditación.

En el júbilo de la Pascua, ¿se nos invita a que nos purifiquemos...? Sí. Se nos llama a mantener la limpieaza espiritual que hallamos adquirido con el ayuno que hemos vivido, con nuestro arrepentimiento, nuestras lágrimas, y permanecer contemplando lo que se nos ha prometido: la luz de la presencia de Jesucristo.

Aquel Cristo que resucitó hace dos mil años, permanece resucitado hoy para que nosotros le contemplemos, para que nosotros le amemos y para que nosotros le imitemos. Desde hoy en adelante no caigamos en pecado otra vez, vigilemos la presencia del Señor resucitado y perseveremos en rectitud ya que los pecadores perecerán, ciertamente, en la presencia de Dios.

 

Con esta llamada persuasiva se nos da un aviso seguro en el Evangelio de hoy cuando leemos u oímos: "...vino a los suyos pero los suyos no le recibieron" (Jn. 1:11.) Después de dos mil años de Cristiandad, nosotros somos ahora "los suyos." Nosotros le pertenecemos. A nosotros viene, cada día, cuando elegimos hacer Su Voluntad, esto es, cuando rechazamos practicar el pecado. Nuestro arrepentiminto y la Sangre de Jesucristo han borrado nuestros pecados. La Resurrección de Cristo nos eleva, a traves de los Santos Misterios, o Sacramentos de la Iglesia, a una condición de existencia más alta y sublime que la anterior a la Caída de Adan. Este es el significado de las palabra que oímos o leyemos en el Evangelio de hoy:

"A cuantos le recibieron... les dió poder para ser hijos de Dios." (Jn. 1:12)

Creer y aceptar las palabras de Jesús significa el forzar nuestras vidas a pensar como Jesús, a desear como Jesús y, sobre todo, a cumplir los mandamientos de Jesús. Haciendo esto es cuando ejercitamos el poder que nos transforma en hijos de Dios.

Recordemos:

que por el Bautismo fuimos enterrados y resucitados con Cristo;

que por la Unción con el Santo Crisma o Confirmación fuimos marcados o sellados como suyos;

por la Santa Comunión somos alimentados y envigorizados;

por la santa confesión y penitencia somos protegidos y restaurados;

por el santo Matrimonio la preservación de nuestra vida temporal es elevada a la armonía económica de la Santa Trinidad;

por el Sacerdocio el Poder y Juicio de Dios se deposita en las manos del Hombre;

por el Orden Monástico la vida angélica es incorporada a la material;

por la Santa Unción somos curados y revitalizados para dar los últimos pasos hacia la Vida Eterna.

 

Por fin, nuestra muerte nos abre el pasar -la Pascua- al Reino del Dios Uno, Padre, Hijo y Espíritu Santo.

 

¡Qué gran misericordia! ¡Qué Vida Eterna se nos da porque

Cristo ha resucitado!

¡En verdad que ha resucitado!

 

    @ Muy Rev. Protopresbítero Kyrillos Leret-Aldir

 

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